domingo, 8 de octubre de 2017

El hombre fenix (Ensayo sobre "El Gesticulador" de Rodolfo Usigli)

El hombre Fénix¬
“Creer que si todos los deseos fuesen satisfechos todo iria mejor
es la gran equivocación,
el error original del hombre que piensa.
Pues la verdad es exactamente contraria a esta creencia.”
Conde Hermann Alexander von Keyserling


Durante el siglo XX en México una vez terminada la Revolución, apareció en el teatro un grupo llamado “Los siete Pirandellos” cuya peculiariedad era que “se representaba de acuerdo con los particulares intereses de los grupos económicos que lo patrocinaban” (Avitia, 186), éste era un teatro ya comprometido con alguien; sin embargo también hubo autores que hablaban sobre la realidad de nuestro país: Mauricio Magdaleno, Salvador Novo, José Revueltas y claro, Rodolfo Usigli, con El Gesticulador. En esta obra se trata la tragedia que conlleva hacer de la corrupción y el contubernio, el modus operandi de un gobierno cerrado y autoindulgente.
            César Rubio, maestro de Historia, luego de muchos años de morirse de hambre con un trabajo honrado, enseñando en la universidad, se aleja de la ciudad de México y regresa a su pueblo natal junto con su familia. Miguel de Unamuno dijo que “se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte”, las razones por las que César dejó la capital pueden ser varias: su paupérrimo salario, que su hijo estuvo inmiscuido en revueltas, o probablemente un poco de ambas. Llega a su pueblo con la absurda idea de usar documentos que ha recolectado en su labor como investigador para chantajear a algunos políticos locales y abrirse paso en la política. En la primera escena los personajes toman forma rápidamente al mostrar su inconformidad con algo irresoluble, Francisco Ramón Cajal, premio Nobel de Fisiología en el 1906, dijo “Nos desdeñamos u odiamos porque no nos comprendemos; porque no nos tomamos el trabajo de estudiarnos.”(Riba, 41).
            Julia, la hija se siente fea, está inconforme con su cara seguramente porque el joven que a ella le gustaba no le hacía caso, pues su padre le dice “tienes un cuerpo admirable” (Usigli, 32), esto aclara que la joven no era tan poco agraciada; luego Miguel, el hijo mayor, dice estar cansado de fingir respetabilidad y aborrece la mentira, razón por la cual hace prometer a César, su padre, que no se valdrá de chantajes para presionar a un político con revelar su oscuro pasado y que se ganará la vida honradamente. La madre aunque suena satisfecha, no puede ocultar lo mucho que le desagrada que César no siga sus consejos, lo que la lleva a convertirse en una conciencia poco escuchada, porque siempre acierta a las consecuencias, es ella quien advierte a César que lo pueden matar si va al plebiscito: “No te lo diré: podría traerte mala suerte” (Usigli, 115). Para el final de la obra todos han tenido tiempo de estudiarse, Julia se da cuenta que en realidad no necesita del amor del joven para sentirse mujer completa, Miguel después de ser reprendido por la madre y de una plática muy fuerte con su hermana, se da cuenta que odia a su padre a tal punto que los ha dejado ir a una muerte segura. Por su parte la madre se da cuenta que su esposo no la escuchaba porque desde que llegó el profesor de Harvard, César Rubio, el profesor de Historia, había muerto.
            César , el protagonista, cumple la promesa que le hace a Miguel pero el destino llama a la puerta de la casa cuando aparece por allí un profesor de Harvard de Historia Latinoamericana; él por supuesto es norteamericano, su nombre Oliver Bolton, su auto se había descompuesto, estaba en México buscando información acerca de los extranjeros que acompañaron a Francisco Villa (Santos Chocano, Ambroce Pierce) y sobre un héroe de la Revolución, el general que inició la Revolución en 1908, César Rubio, tocayo del protagonista, él -según la obra- inspiró a Madero para escribir “La sucesión presidencial  de 1910”, fue el primer instigador de la lucha armada contra el régimen porfirista, y según Bolton sabía, desapareció misteriosamente en 1914 mientras se dirigía a una cita con Carranza. Además de compartir el nombre con el héroe, nuestro protagonista también compartía el lugar de nacimiento y la época. Como Bolton tenía un gran presupuesto a disponibilidad, el protagonista ve la oportunidad de salir de sus aprietos económicos, César Rubio le ofrece a Bolton los documentos y la información que ha recabado sobre su homónimo a cambio de una fuerte cantidad de dólares. El profesor mexicano cuenta que el general Rubio murió pero Bolton no le cree, entonces César Rubio ve la oportunidad de crearse un nuevo yo y se hace pasar por el revolucionario, así renace el Fénix de sus cenizas, César hace prometer al norteamericano que jamás revelará la verdad.
            Tras un par de semanas sin saber César, qué hacer con el dinero y después de la edición un periódico con la noticia de que Bolton no cumplió su palabra. Llegan a la casa de Rubio los representantes del Partido Revolucionario Institucional, que le ofrecen la candidatura de gobernador. Aunque César en un principio intenta convencerlos de que no se puede, los representantes terminan convenciéndolo y se inicia en el profesor un cambio, pero ¿por qué?
La sabiduría oriental sale al rescate “Dime y olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé”, es un proverbio chino donde se explica que hasta que uno vive una situación es capaz de entender, César siempre fue un observador de la historia de su país, y ahora tiene la oportunidad de ser partícipe de la historia que tanto adora, al final se volvió tan general Rubio que hasta llegó a creer que él fue revolucionario.
            Hacia el final de la obra, Navarro, el competidor por la candidatura a gobernador al interior del PRI, se entrevista con César Rubio y lo desenmascara diciéndole que él tiene pruebas de que es un impostor. El que anteriormente fuera un honrado profesor le contesta diciendo que efectivamente él no es el verdadero César Rubio, porque él, Navarro, es su asesino. Se pacta implícitamente al menos por parte de Navarro, la ejecución de César Rubio. Él es asesinado nuevamente por Navarro., Navarro dice ante la gente que él abdica de su candidatura mientras no se compruebe su inocencia de la muerte de César, además explica a Elena que el asesino material de César fue un fanático católico, y que la gente del pueblo lo había matado “Las manos humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo... del miedo al cambio.”(Octavio Paz). Y al final todo vuelve a la calma de un país donde no pasa nada.
BIBLIOGRAFÍA:
                    AVITIA, Antonio, Teatro para principiantes, Editorial Pax México, México, 2003
                    RIBA, Lidia María, Vocación de curar -un homenaje-, Vergara y Riva Editoras, Argentina: 1999
                    USIGLI, Rodolfo, El gesticualdor/La mujer no hace milagros, Editores Mexicanos Unidos, México: 2006



¬Ensayo sobre El Gesticulador de Rodolfu Usigli

Intento escribirte (I)

Tengo necesidad de escribir, de alguna manera este blog funciona como un diario. Muy ordenado no debo ser, si las entradas de mi blog-diario son con tanto espaciamiento. 😀 El punto es que la razón de esta entrada es el reencuentro de una foto, que por privacidad de los involucrados no compartiré. Entrando en materia pues, es un escrito que deseo compartir.

FELICIDAD
Si todas las estrellas del mundo
en cierto momento perdieran su luz.
Toda una serie de astros
con su polvo blanco
descargado del cielo,
pero el cielo sin  sus ojos,
no brillaría más.

Si toda la gente del mundo
nunca buscara razones
para alzar la cabeza
y volar al azul.

Sin hacer ningún ruido
que dolorosos rumores
la Tierra y sus corazones
no latirían más.

Siempre me falta el elástico
de sujetar emociones
así que las afecciones
en el momento más bello
son una cruz.

Como un sueño anhelado
tal vez un sueño importante,
un amigo traicionado,
que alguna vez yo también lo he sido
¿a quién puede importar?

Tinieblas del cielo
cabezas heladas, blancas
si nuestras palabras
resuenan cansadas
y llenas de inquietud

Pero quiero estar hablando
quedarme escuchando,
seguir haciendo el asno
de comportarme mal
después de no hacerlo más

Felicidad
¿sobre que tren en ésta noche viajarás?
Yo se que pasarás deprisa,
como siempre no te detendrás

Se trataría de ir nadando
tomándolo con calma
que nos transportaran
dentro dos ojos grandes
color azul.

Que sólo pueden liberarse,
atravesando mares medievales
luchar contra un dragón estrábico,
y dragones sabes,
ya no existen más.

De ésto son los sueños
hoy como fantasmas blancos
que rebotan en cansados
por tejados y antenas
de la televisión
y se nos meten en casa
por medio de un señor elegante
paneles que hablan
todo el mundo aplaudiendo
ya no deseamos más

Pero si éste mundo
es un mundo de carbón
y para ser felices
basta un hada,
tal vez unas canciones
o un SÍ quizás.

Más ha llegado el momento
de probar a cerrar los ojos
mas ¿Cuándo has cerrado los ojos?
¿Quién sabe que verás?

Felicidad
¿sobre que tren en esta noche viajarás?
yo se que pasarás
deprisa como siempre

no te detendrás


lunes, 21 de agosto de 2017

Intento escribirte...

Desde hace tiempo tengo la intención de escribir una recopilación de poemas, ya sea míos o de terceros. Desde luego no intento equipararme a la calidad de grandes poetas, sin embargo creo que no es disparatado pensar que las emociones no conocen barreras de excelencia.

He decidido llamar a mi recopilación:

INTENTO ESCRIBIRTE UN POEMA Y SOLO ESCRIBO VERSITOS.

Mi recopilación está dedicada a C. por iniciar todo esta vorágine de emociones. También está dedicada a A. porque aunque siempre fue y será imposible, no por eso me cortaste las alas. Finalmente también esta dedicada a Y. porque quizá es quien más lo merece porque más ha perseverado, disculpa por no ofrecerte más.


Así pues me gustaría iniciar con un poema de mi autoría. No es muy bueno, pero es mío.

viernes, 26 de mayo de 2017

Diario de un loco

El siguiente es un poema de un autor que encuentro muy interesante: Nizar Qabanni, según lo que pude comprender de su biografía Nizar Tawfiq Qabbani fue un diplomático y poeta sirio. Estudió leyes en la universidad de Damasco y trabajó en China, Cairo, Beirut, Londres y Madrid como diplomático. El poema que deseo compartir se llama el Diario de un loco, la fuente original no es mia desde luego, proviene de María Luisa Prieto a través de una excelente página que se llama Poesía Arabe, esa es una de las maravillas que tiene el español: su cercanía cultural con la cultura árabe. 

Si grito:
"te quiero mucho",
no me acalles.

Si pierdo la prudencia
y ciño tu cintura en la acera,
no me regañes.

Si destello en la reja de tus pechos,
como el relámpago, alguna noche,
no me apagues.

Si me desangro, como un gallo herido, en tus brazos,
no me cures.
Si transgredo las normas y las costumbres,
no me reprendas.

Ahora estoy en trance de la suprema locura.
Perderás la ocasión de tu vida
si no aprovechas mi locura.



Si me desbordo, como el mar, por tus playas,
no me contengas.

Si un día pido refugio al kohol de tus ojos,
no me arrojes.
Si me quiebro en fragmentos de luz sobre tus pies,
no me moltures.



Si cometo un crimen de amor,
si el color bronceado, fermentado en tus hombros, sacude mi fe,
si me comporto como un niño travieso
y empapo tu pezón de vino...
no me pegues.

Ahora estoy en trance de la gran locura.
Perderás la ocasión de tu vida
si no aprovechas mi locura.
                       

Si escribo en pétalos de rosa
que te quiero...
te ruego que me leas.
Si duermo como un niño en los bosques de tu pelo,
no me despiertes.
Si te llevo por dote la leche de los pájaros,
no me rechaces.

Si envío mil cartas de amor
para ti...
no las quemes abrasándome.



Si algún día te ven conmigo en los cafés de la ciudad,
no me ignores:
todas las mujeres de la ciudad conocen mi debilidad por la belleza
y el origen de la poesía y del jazmín.

¿Cómo fingir?
Si estás pintada en las aguas de mis ojos.
Ahora estoy en trance de la luminosa locura.

Perderás la ocasión de tu vida
si no aprovechas mi locura.



Cuando el vino francés
desprenda las horquillas de tu pelo sin disculpas,
y me cerque el trigo,
me ciña la noche,
me rodee la mar
y comience a pastar, como loco, la hierba de los campos,
sin saber dónde está mi derecha
ni mi izquierda.



Cuando el vino francés
borre las antiguas fronteras entre mi existencia y mi suicidio,
te ruego, en nombre de todos los locos, que me comprendas.
Te ruego, cuando el vino diga algo inoportuno
del amor, que me perdones.

Ahora estoy en trance de la hermosa locura.
Perderás la ocasión de tu vida
si no aprovechas mi locura.



Cuando el vino francés
borre los rostros,
las líneas,
y los ángulos,
y no quede más mujer que tú
ni más hombre que yo.

Cuando no sepa dónde están tus manos
y dónde están las mías,
cuando no sepa distinguir el vino
de mi sangre,
cuando no sepa distinguir el lenguaje de tus manos
del de los espejos,
cuando al final de la noche me haga añicos,
me cerque el deseo
y me cerque el kohol,
y se me olvide mi nombre
y mi dirección,
y se me olviden los nombres de todos los barcos,
te ruego, estrellado, que me recojas,
te ruego, roto, que me pegues,
te ruego, muerto, que me resucites.

Ahora estoy en trance de la gran locura.
Perderás la ocasión de tu vida
si no aprovechas mi locura.



Cuando el vino francés
despoje del cuerpo asiático el quimono,
y de la oscuridad del pecho salgan la aurora,
la golondrina,
el coral,
el cobre, el té, el marfil
y otras cosas.
Cuando el vino francés
suprima todas las lenguas,
reduzca todas las culturas a cero
y todas las civilizaciones a cero,
y convierta tu boca en un jardín de rosas
y convierta mi boca en cincuenta bocas.
Cuando el vino francés anuncie al final de la noche
que eres la más hermosa de las mujeres,
y tu estatura y tu cintura las más armoniosas,
cuando anuncie que todas las bellezas del mundo son prosa
y sólo tú eres poesía,
en nombre de todos los borrachos,
en nombre de todos los confusos,
en nombre de todos los que sufren la maldición del amor,
te ruego que no me maldigas.

En nombre de todos los que sufren la herida del corazón,
te ruego que no me hieras.
Ahora estoy en trance de la suprema locura.
Perderás la ocasión de tu vida
si no aprovechas mi locura...

Nizar Qabanni