“Creer que si todos los deseos fuesen satisfechos todo
iria mejor
es la gran equivocación,
el error original del hombre que piensa.
Pues la verdad es exactamente contraria a esta
creencia.”
Conde Hermann Alexander von Keyserling
Durante el siglo XX en
México una vez terminada la Revolución, apareció en el teatro un grupo llamado
“Los siete Pirandellos” cuya peculiariedad era que “se representaba de acuerdo
con los particulares intereses de los grupos económicos que lo patrocinaban”
(Avitia, 186), éste era un teatro ya comprometido con alguien; sin embargo
también hubo autores que hablaban sobre la realidad de nuestro país: Mauricio
Magdaleno, Salvador Novo, José Revueltas y claro, Rodolfo Usigli, con El
Gesticulador. En esta obra se trata la tragedia que conlleva hacer de la
corrupción y el contubernio, el modus operandi de un gobierno cerrado y
autoindulgente.
César
Rubio, maestro de Historia, luego de muchos años de morirse de hambre con un
trabajo honrado, enseñando en la universidad, se aleja de la ciudad de México y
regresa a su pueblo natal junto con su familia. Miguel de Unamuno dijo que “se
viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte”, las razones
por las que César dejó la capital pueden ser varias: su paupérrimo salario, que
su hijo estuvo inmiscuido en revueltas, o probablemente un poco de ambas. Llega
a su pueblo con la absurda idea de usar documentos que ha recolectado en su
labor como investigador para chantajear a algunos políticos locales y abrirse
paso en la política. En la primera escena los personajes toman forma
rápidamente al mostrar su inconformidad con algo irresoluble, Francisco Ramón Cajal,
premio Nobel de Fisiología en el 1906, dijo “Nos desdeñamos u odiamos porque no
nos comprendemos; porque no nos tomamos el trabajo de estudiarnos.”(Riba, 41).
Julia,
la hija se siente fea, está inconforme con su cara seguramente porque el joven
que a ella le gustaba no le hacía caso, pues su padre le dice “tienes un cuerpo
admirable” (Usigli, 32), esto aclara que la joven no era tan poco agraciada;
luego Miguel, el hijo mayor, dice estar cansado de fingir respetabilidad y
aborrece la mentira, razón por la cual hace prometer a César, su padre, que no
se valdrá de chantajes para presionar a un político con revelar su oscuro
pasado y que se ganará la vida honradamente. La madre aunque suena satisfecha,
no puede ocultar lo mucho que le desagrada que César no siga sus consejos, lo
que la lleva a convertirse en una conciencia poco escuchada, porque siempre
acierta a las consecuencias, es ella quien advierte a César que lo pueden matar
si va al plebiscito: “No te lo diré: podría traerte mala suerte” (Usigli, 115).
Para el final de la obra todos han tenido tiempo de estudiarse, Julia se da
cuenta que en realidad no necesita del amor del joven para sentirse mujer
completa, Miguel después de ser reprendido por la madre y de una plática muy
fuerte con su hermana, se da cuenta que odia a su padre a tal punto que los ha
dejado ir a una muerte segura. Por su parte la madre se da cuenta que su esposo
no la escuchaba porque desde que llegó el profesor de Harvard, César Rubio, el
profesor de Historia, había muerto.
César
, el protagonista, cumple la promesa que le hace a Miguel pero el destino llama
a la puerta de la casa cuando aparece por allí un profesor de Harvard de
Historia Latinoamericana; él por supuesto es norteamericano, su nombre Oliver
Bolton, su auto se había descompuesto, estaba en México buscando información
acerca de los extranjeros que acompañaron a Francisco Villa (Santos Chocano,
Ambroce Pierce) y sobre un héroe de la Revolución, el general que inició la
Revolución en 1908, César Rubio, tocayo del protagonista, él -según la obra-
inspiró a Madero para escribir “La sucesión presidencial de 1910”, fue el primer instigador de la
lucha armada contra el régimen porfirista, y según Bolton sabía, desapareció
misteriosamente en 1914 mientras se dirigía a una cita con Carranza. Además de
compartir el nombre con el héroe, nuestro protagonista también compartía el
lugar de nacimiento y la época. Como Bolton tenía un gran presupuesto a
disponibilidad, el protagonista ve la oportunidad de salir de sus aprietos
económicos, César Rubio le ofrece a Bolton los documentos y la información que
ha recabado sobre su homónimo a cambio de una fuerte cantidad de dólares. El
profesor mexicano cuenta que el general Rubio murió pero Bolton no le cree,
entonces César Rubio ve la oportunidad de crearse un nuevo yo y se hace pasar
por el revolucionario, así renace el Fénix de sus cenizas, César hace prometer
al norteamericano que jamás revelará la verdad.
Tras
un par de semanas sin saber César, qué hacer con el dinero y después de la
edición un periódico con la noticia de que Bolton no cumplió su palabra. Llegan
a la casa de Rubio los representantes del Partido Revolucionario Institucional,
que le ofrecen la candidatura de gobernador. Aunque César en un principio
intenta convencerlos de que no se puede, los representantes terminan
convenciéndolo y se inicia en el profesor un cambio, pero ¿por qué?
La sabiduría oriental sale al rescate “Dime y
olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé”, es un
proverbio chino donde se explica que hasta que uno vive una situación es capaz
de entender, César siempre fue un observador de la historia de su país, y ahora
tiene la oportunidad de ser partícipe de la historia que tanto adora, al final
se volvió tan general Rubio que hasta llegó a creer que él fue revolucionario.
Hacia
el final de la obra, Navarro, el competidor por la candidatura a gobernador al
interior del PRI, se entrevista con César Rubio y lo desenmascara diciéndole
que él tiene pruebas de que es un impostor. El que anteriormente fuera un
honrado profesor le contesta diciendo que efectivamente él no es el verdadero
César Rubio, porque él, Navarro, es su asesino. Se pacta implícitamente al
menos por parte de Navarro, la ejecución de César Rubio. Él es asesinado
nuevamente por Navarro., Navarro dice ante la gente que él abdica de su
candidatura mientras no se compruebe su inocencia de la muerte de César, además
explica a Elena que el asesino material de César fue un fanático católico, y
que la gente del pueblo lo había matado “Las manos humanas más peligrosas son
aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo... del miedo al
cambio.”(Octavio Paz). Y al final todo vuelve a la calma de un país donde no
pasa nada.
BIBLIOGRAFÍA:
•
AVITIA, Antonio, Teatro
para principiantes, Editorial Pax México, México, 2003
•
RIBA, Lidia María,
Vocación de curar -un homenaje-, Vergara y Riva Editoras, Argentina: 1999
•
USIGLI, Rodolfo, El gesticualdor/La
mujer no hace milagros, Editores Mexicanos Unidos, México: 2006